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Severo Ochoa |
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1905-1993 (Luarca, Asturias)
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Fue un gran científico, un bioquímico que dejó huella en la historia de la biología molecular del siglo XX: en la década de 1950 fue uno de los primeros científicos en sintetizar en el laboratorio el ácido ribonucleico, o ARN. Se había descubierto que durante la fase de crecimiento celular, etapa en la que la síntesis de proteínas es particularmente intensa, las células contienen más cantidades de ARN que el que tienen las células "en reposo". De esta manera, fue surgiendo la idea de que el ARN podría desempeñar algún papel en la síntesis de las proteínas, las sustancias que controlan los procesos básicos de la vida, idea que se terminaría imponiendo: hoy sabemos que el ARN sirve de "mensajero" del ADN para controlar la fabricación (fuera del núcleo celular) de las proteínas. |
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Ochoa se inició en Alemania en el estudio de las enzimas, un campo que entonces comenzaba a atraer poderosamente la atención de los bioquímicos. Una vez que Watson y Crick hubieron descubierto en 1953 la estructura del ADN, y del papel que desempeñaba el ARN en llevar el mensaje genético a las proteínas, era natural preguntarse acerca del papel que las enzimas jugaban en la creación de ácidos nucleicos en las células. Basándose en sus anteriores investigaciones, Ochoa emprendió este camino: buscaba una enzima que ayudase a combinar nucleótidos (las unidades fundamentales de las cadenas de ADN y ARN) en las largas cadenas de ácidos nucleicos. En 1955 encontró una enzima que parecía realizar este papel. Por estos trabajos, compartió el premio Nobel de Medicina en 1959 con uno de sus discípulos. |
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